10.5.16

Dice...

Escribe escribe...que me gusta leerte,

escribe... que me gustaría seguir aprendiendo de ti en la distancia,

escribe que verás como te sientes mejor,

escribe que sentiré tu compañía tras la pantalla,

escribe por favor, escribe porque leyéndote me libero y escucharte no puedo.

Escribe por favor porque tus palabras son las mías,

tu grito es mi grito,

tu dolor mi dolor,

tu ausencia mi presencia.

Escribe porque a través de ti me encuentro,

con tus palabras me siento.

Escribe porque yo callo y me ahogo si no te leo.

23.2.16

Pasito a pasito


Una cuestión personal, social y política.

La maternidad trasciende los muros del hogar, sitúa a la madre en una encrucijada entre lo personal y lo laboral.

¿Lactancia exclusiva durante los primeros seis meses y alimentación complementaria hasta el año?, sí, para aquellas familias que se lo pueden permitir cómodamente en lo que a lo económico se refiere o, para aquellas más aventureras y arriesgadas que aprietan el cinturón hasta límites insospechados y tiran y tiran de los apoyos (si los hay) para poder llegar a fin de mes sin perder demasiado peso.

¿Madres entregadas, felices  y relajadas para criar niñas y niños sanos?, sí, el ideal. ¿Padres conscientes que dan soporte a la lactancia y surfean el maremoto hormonal de sus compañeras a la par?... ¡¡¡¿cómo?, si están todo el día fuera de casa trabajando!!!

Los libros, los cursos e ideales forjados son maravillosos, pero la praxis nos muestra una realidad agotadora, dura y frustrante las más de las veces. Y qué decir de que no me considero una madre o una profesional frustrada, ¡no, por fortuna me siento bastante satisfecha con mis elecciones!, pero si es cierto que esta sociedad enfocada aún a la competitividad, al tener tener tener para ser, etc... es frustrante. Prima el desapego, el materialismo y las prisas. ¡Cómo pretenden que nuestros bebés crezcan felices en un lugar en el que se tiene prisa para vestirles, prisa para salir de paseo porque se acaba la hora de descanso, prisa para que se duerma para poder hacer.... prisas prisas prisas!

Tienen una molestia... dale apiretal
Está inquieta... dale apiretal
No te deja un minuto para tí... ponle la tele


Compatibilizar la vida personal con la laboral incluso sin ser padre o madre en ocasiones es complejo, pues nuestros intereses personales pueden ser incompatibles con ciertos trabajos, pero cuando tratamos ya el tema de la maternidad y la paternidad, la situación se muestra aún mucho más complicada. La balanza se desestabiliza, comienzan los malabares y las contorsiones para llegar a ese preciado equilibrio en el que la triada, mamá-bebé-papá llegan al final del día felices y sanos, con ganas de compartir los sueños en un mismo lecho, sin reproches por las ausencias.

...Continuará



23.11.15

5º mes

Pasó la tormenta. Un vaivén de emociones constantes, contradicciones, confusión.... un emerger constante de situaciones pasadas, reacciones antes olvidadas que toman el momento presente cual si fuera "aquel día que hice ..., aquel momento en el que me negué, ese instante en el que dañé.." De pronto la vida ante los ojos, lo disfrutado, lo dejado de lado, lo anotado para después. 

Nadie pudo explicarme de qué se trataba esto hasta que coincidí con otras como yo. Mujeres que parieron días antes o días después, el resto de madres, por eso de la intensidad de los momentos, olvidaron el proceso y ya, aunque hacen un esfuerzo, no recuerdan. Incluso a mí se me ha olvidado parte de lo vivido a su llegada, ¡es tan intenso!, la memoria falla porque ahora, estamos a otra cosa, no interesa recordar, sino estar presente, ¡Vivir!. 

Cuando me salí del aquí y del ahora creí romperme en pedazos, quizás fue así, sí, lo fue, me rompí al completo por forzarme a seguir un ritmo ajeno a mi persona, por querer involucrar a mi bebé en mis estudios, por acelerarme para cumplir horarios y "deberes". 

Me paré, lloré y lloré por no respetarme y me di las gracias por permitirme parar y sentirme. Encontré la respuesta "Aquí y Ahora", mi hija y yo y nada ni nadie más marca el ritmo de mi vida. Y así es que me quité kilos de mi espalda. Ahora camino más recta, más ligera y menos dolorida. Aún hay cicatrices que permanecen sin curar, lo siento, seguiré atenta, observándome y sintiéndome, permitiéndome ser sin más pretensión que ViVIr. 

La maternidad abre puertas que la razón no alcanza a comprender. 

Fuente: ojana.wordpress.com 

21.9.15

Palabras

Me miro al espejo para recordarme, para reencontrarme, pues ando perdida.
Pasa el tiempo y las imágenes se vuelven más borrosas en mi mente,
de nuevo recurro al espejo, a las fotos, a la memoria escrita; para decirme,
para gritarme "estás, estás, solo tienes que mirarte, sólo tienes que querer verte",
me hablo como si fuera otra persona, me dirijo a mí misma desde otra posición, fuera de mí.
Me sorprendo hablándole a ella sobre mí tal si le hablara de otro ser,
me encuentro, me reencuentro y me vuelvo a perder.

Así es, así describen los libros el puerperio, así cuentan quienes se atreven a nombrarlo, así es el desdoble, la confusión, la pérdida de identidad, el dolor por lo que se deja y el miedo y las resistencias a lo que es. Porque ya no se es lo que se era, y tampoco se sabe lo que hay pues es un pasaje, una prueba, nada definitivo... pero pronto llegará, habrá claridad, se definirán los contornos y veré, veremos a ese nuevo ser que nace aún más tarde de lo que nace a quien se ha parido.

Es tanto el dolor por el desencuentro con el otro, es tal el desgarro por las ilusiones rotas, es tan grande la presión social por ser aquella que no se es... o se es fuerte o te comen, te lapidan con palabras atrevidas e ignorantes, te intentan humillar desprestigiando lo que haces, lo que dices, lo que crees.. porque resulta que todos saben menos quien lo vive, "o eso dicen".

Pasa el tiempo y me voy reencontrando en el silencio de las madrugadas, cuando todos duermen. Pasa el tiempo y me voy atreviendo a mirarme y reencontrarme con ese yo desnudo ante el espejo. Miro las huellas del pasado y hago por aceptarlas sin más, despidiéndome de lo que fue para recibir a pleno corazón lo que es.

T.A.A
(Septiembre 2015) 

10.9.15

Yeoguije

A mi niña interna, a Yeoguije, quien hizo de espejo y me recordó  lo que es el amor sano y puro. 

La niña del Desierto, "mi niña", la de la tez morena y ojos grandes, la de mirada profunda, la traviesa, la de sonrisa alegre con fondo triste, mi niña. Yeoguije. 

Creo que nunca escribí bien tu nombre, pero gracias a que lo hice hoy, seis años después de nuestro encuentro puedo por fin recordar su pronunciación. Me fui del desierto sintiendo profundamente mi partida, quería estar a tu lado; tu cariño, tu compañía me marcaron profundamente. Tu inocencia, tu dulzura y la dureza del lugar marcaron en mí un antes y un después. Fueron muchas las personas a las que conocí, infinidad de experiencias, de momentos intensos...pero lo me dejó una huella profunda fue esa mirada de niña entristecida, encarcelada en  la Hamada, sin posibilidad de partir. Mi niña, me dolió irme y no poder decirle a tu gran familia (Lamira, Ahmed y Said) "Vénganse conmigo", "vengan a visitarme cuando quieran". 

Han pasado seis años, años para mí lleno de experiencias inolvidables, de momentos alegres y también tristes, de viajes a lugares hermosos, han pasado infinidad de personas ante mis ojos, pero nada ni nadie ha conseguido borrarte de mi recuerdo, me llegaste bien profundo, estás en mi corazón. Fuiste mi espejo pequeña, fuiste esa luz que me recordó que yo también se amar y que merezco amor, amor del de verdad, del sano, del inocente, amor del que se le tiene a una madre, a una hija, a una hermana. Despertaste en mí mi sed de amor, de dar, mi sed de compartir y disfrutar mi vida. Fueron tiempos duros los que pasé en el desierto descubriendo día a día el disparate humano. Ese viaje me marcó, nadie queda indiferente cuando viaja a Tindouf, quien pisa el desierto cambia, pues sí, y quien pisa Tindouf no deja de cambiar nunca si mantiene vivo el recuerdo. 

Hoy tengo ante mí a otro ser hermoso, alguien que me recuerda la ternura de tus ojos, ella, mi pequeña ha de estarte agradecida porque tu presencia en mi vida hizo posible que yo re-conociera en mí ese deseo de maternar. Gracias hermosa por haber compartido conmigo tu sonrisa, Gracias por recibirme con tus brazos abiertos desde el primer instante y por demostrarme que da igual el tiempo porque cuando se encuentran dos almas no hay relojes que valgan. Fuiste una luz en la inmensidad oscura de la Hamada, fuiste una luz en la oscuridad de mi vida y hoy y siempre te estaré agradecida por ello. 

Gracias a ti y a tu pequeña gran familia, porque para mí tu existencia sí que es muy valiosa, les aprecio y deseo con toda mi alma que un día, pronto, tu y tu pueblo respiren el aire del mar y naden en la inmensidad del Océano. 

PAZ Y LIBERTAD PARA TODOS LOS PUEBLOS

18.8.15

Salvaje

Autor/a desconocido

"Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión. Cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón; 'Basta, hasta aquí he llegado'. Ni mil ejércitos de ego y ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad. Ahí se abren las puertas de su propia Alma y comienza el proceso de sanación. El proceso que la devolverá poco a poco a si misma, a su verdadera vida. Y nadie dijo que ese camino sea fácil, pero es 'el Camino'. Esa decisión en sì, abre una linea directa con su naturaleza salvaje y es ahí donde comienza el verdadero milagro".
"Mujeres que Corren con los Lobos"
Clarissa Pinkola-Estés

13.8.15

Humanidad

El Ser Humano, las Personas, fuimos todas bebés, sin excepción, aún así es frecuente que la mayoría de la población mire a los y las bebés como seres extraños, ajenos a la realidad de quien observan. 
Es común que se les trate con desprecio, que se les ignore incluso cuando reclaman la satisfacción de sus necesidades más básica. Nos hemos vuelto una Especia antinatural, dominada por la desconexión de nuestros cuerpos, de nuestras emociones... sometidos a los vaivenes de las modas y a la inercia. Hemos convertido nuestro propio SER en un "algo" enjaulado. Siento que contenemos nuestra respiración para no sentir, para que no estalle esa bomba de relojería que muchos y muchas de nosotras llevamos dentro, en algún rinconcito de nuestro cuerpo contraído por la represión a la que nos hemos decidido someter. 

Por eso la gran mayoría de esta parte del mundo no quiere sentir al bebé en sus brazos, en su pecho, por eso se les deja llorar y los especialistas insisten en lo bueno del biberón, de la cuna... por eso, por no sentirles y con ello sentirnos abocamos a nuestros hijos e hijas a repetir nuestro patrón, porque hay miedo a sentir, a poner conciencia en nosotras/os, y seguir adelante con nuestro propio plan, con nuestros deseos personales, miedo a experimentar la vida sin estar contraídas, miedo a disfrutar. 

La maternidad, y creo que también la paternidad es un proceso de apertura total, una oportunidad de entrega y de amor hacia nosotras mismas y desde luego hacia esos bellos seres que un día abren nuestro cuerpo y con su presencia nos dicen "Vengo a amar y ser amado". 

Los bebés crean una gran expectación a su alrededor, donde hay una linda bebita hay caras sonriendo a su alrededor. Jamás vi tanta gente a mi alrededor sonriendo y entregándose a la ternura como la he visto desde que mi hija nació. 

Por todo esto que escribo, quiero hoy compartir con ustedes un texto redactado por profesionales del ámbito de la sanidad y la educación referente al llanto del bebé. 


DECLARACIÓN SOBRE EL LLANTO DEL BEBÉ
(extracto del libro La Crianza Feliz, de Rosa Jové)

Autor/a desconocido


Hombres, mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración; 

Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta de contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo. 

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético ni está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo. 

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón no tiene noción de la espera, ya que, estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamercicana Jean Liedloff en su obra El concepto del continuum, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva ( de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno puede ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse del estado simbiótico. 

La verdad es obvia, sencilla y evidente. 

El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos. 

Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación, está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno. 

Los padres (y madres) que hemos sido educados en la creencia de que "es normal que los niños/as lloren" y de que "hay que dejarles llorar para que se acostumbren" y que, por ello estamos especialmente insensibilizados para que su llanto nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural, si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como algo propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la "administración de la tortura", pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos/as, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica. 

Varios científicos estadounidenses y canadienses (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etcétera), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación con la etapa primal (inicial) de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece. 

En Occidente se han creado en los últimos cincuenta años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche materna por la artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando a la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados. 

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozoza de nuestra vida sexual se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que, por tanto, excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. Las imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano. 

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primalhealth.org), apoyándose en diversos estudios epidemológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos, tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Presctott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. Asimismo hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción al consumo de drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal. 

También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones. 

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocida como muerte súbita. Según The foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Ángel Álvarez, www.primal.es). 

Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro Duérmete niño (basado a su vez en el método de Ferber divulgado en Estados Unidos) para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé aún está en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método han empezado ya a ponerse de manifiesto. 

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente solo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues. 

Como afirma Michel Odent, "cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inutil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión".  

Fuente: Internet, autor/a desconocid@

EDUSO 2025

Para aquellas personas que tengan interés, les falte tiempo o les sobre desmotivación para leerse ciertos temas, les dejo las grabaciones ...